Televisión

La habitación de las noticias

La añeja tradición televisiva de hacer series ambientadas en la redacción de un periódico o de un canal de televisión parecía haberse perdido hasta que apareció The Newsroom. La serie de HBO tiene poco que ver con las muy amables ‘Lou Grant’ o ‘La chica de la tele’. Si acaso, sus tramas también entrecruzan el trabajo de periodistas en una redacción con historias personales, relaciones entre compañeros que unas veces envenenan el trabajo y otras lo alientan. El viejo Grant era un idealista, como lo es McAvoy, aunque aquel no dejaba de ser un personaje muy real, cosa que no se puede decir de este. Cierto que Aaron Sorkin, el creador de la serie, está completando con esta la trilogía que tuvo ‘Sports Night’ y ‘Studio 60’ como precedentes. Pero ninguna de estas era una obra maestra completa e indiscutible, como lo es ‘The Newsroom’. Tampoco lo fueron las series mencionadas, protagonizadas por Mary Tyler Moore en los años sesenta.

Con la contundente frase que cierra el párrafo anterior podría dejar esta nota, añadiendo (si acaso) la viva recomendación de ver la serie. O sea, no se la pierdan por nada del mundo, especialmente aquellos que están interesados en los medios de comunicación (no necesariamente periodistas). Pero ya que estoy, seguiré un poco enumerando algunas razones por las qué me parece una serie extraordinaria.

1.- Sorkin es Dios

Con perdón por la blasfemia. Se trata tan solo de una frase hecha. Lo decía Toni Garcia en el programa que emitió Canal + antes del primer episodio. Sorkin es guionista de ‘La red social’, lo cual le llevó a la gloria en la industria del cine. Antes la alcanzó en televisión con ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, serie igualmente creada por él y que suma 26 premios Emmy y 2 Globos de Oro. Pero antes, mucho tiempo antes de todo esto, Aaron Sorkin había escrito el guión de ‘Algunos hombres buenos’. Sí, la película de “¿Ordenó usted un código rojo?”. Es imposible no adorar a Sorkin después de esto.

Sorkin escribe solo. ‘The Newsroom’ es una serie algo más larga de lo habitual. Dura cerca de una hora (un poco más el primer episodio), y los diálogos se suceden sin descanso. Los actores deben pasar la prueba de memorizar textos larguísimos y, lo que es peor, quedarse sin resuello al declamarlos. La velocidad a la que hablan sus personajes no es humana, lo cual provoca que los actores se ahoguen literalmente en muchas ocasiones. E insisto, todo ese guión lo escribe el creador de la serie sin ayuda alguna. Ignoro su velocidad de producción, pero sea como sea me parece sencillamente alucinante.

2.- El eterno dilema entre audiencia y calidad

La serie no trata de soslayo este asunto sino que su corazón está precisamente ahí. Cada personaje está orbitando entre su ego personal, la lucha por destacar con su trabajo en una impersonal redacción, esa incómoda complacencia con los dueños de ACN (canal de televisión por cable) y algo que les afecta a todos: el compromiso con la calidad. “No quiero hacer buena televisión, solo quiero informar”, dice Mackenzie MacHale (nueva productora del programa de noticias y una de las artífices de que entre en su redacción este nuevo planteamiento). Lo llamativo no es que se debatan entre tener mucha audiencia o dar una buena información que resulte útil a los espectadores, sino que eso sea un elemento novedoso.

3.- Crítica inteligente

‘The Newsroom’ es tremendamente crítica. No solamente con la televisión o los medios de comunicación en general, sino con el poder político. Will McAvoy, presentador de las noticias de la noche, es un conservador a través del que Sorkin hace una inteligente y demoledora crítica al Partido Republicano. Según avanza la serie crece el interés por saber el grado de convicción personal de este personaje que evoluciona hasta convertirse por momentos en el más duro crítico de aquello en lo que siempre ha creído, y particularmente del Tea Party.

4.- Narración compleja

La maestría de Sorkin consigue que amemos su narración compleja (y, en ocasiones, desincronizada) espectadores que detestamos los flashback y los flashforward. Me molesta casi siempre que usen de las elipsis, analepsis y prolepsis, para contarme una historia. En ‘Perdidos’ la cosa llegó a límites de auténtica locura, aunque nada comparado con su epatante final.

En el episodio tercero de ‘The Newsroom’ se narra paralelamente lo ocurrido en la redacción una noche y una reunión en la alta dirección del canal ocurrida a la mañana siguiente. No se trata de un capricho del guionista, sino que el espectador está consiguiendo una información valiosísima al seguir lo que está pasando con la perspectiva simultánea de saber las reacciones que eso provocará en el día posterior. Pero es que, además, Sorkin tiene tanto talento que consigue hacer de ese episodio un auténtica joya, la ‘capilla sixtina’ de la ficción televisiva, una obra cumbre que nos remite al primer punto de este escrito (y lo explica).

5.- El espectador sabe más que los personajes

Lo explicado del capítulo tercero funciona en toda la serie, aunque no siempre necesite recurrir a recursos narrativos de tal complejidad. Lo explica el propio Sorkin cuando dice que en la ficción televisiva se plantean tres posibilidades: que el espectador sepa menos que los personajes, que sepa lo mismo o que sepa más. Su opción preferida es la tercera, y así lo desarrolla en esta serie.

La acción tiene lugar en el año 2010 y las noticias que nos cuentan son reales. Por tanto, el espectador sabe casi siempre como terminó la historia. Tenemos más información que los protagonistas y esto nos sitúa en una posición de privilegio agradable a la hora de seguir la acción. Y cuando esto no es suficiente, siempre cabe recurrir a trucos como el que he contado en el punto anterior.

6.- Lo intelectual puede ser popular

La serie consigue algo realmente insólito: hacer popular lo intelectual. En definitiva, lo que trata nos interesa a todos, además de estar contado con suficientes elementos para enganchar a cualquiera. No espere el espectador una ficción densa y plúmbea, todo lo contrario. Si acaso, viendo ‘The Newsroom’ lo que no se puede es casi parpadear, porque si te despistas te lo vas a perder. La velocidad de su acción va acorde con sus diálogos escopetados, lo cual contribuye a transmitir con gran eficacia el ritmo de una redacción. Las noticias no esperan y si pestañeas pueden pasar de largo sin darte cuenta.

7.- Sin miedo a aleccionar

Esta misma historia se podría haber contado evitando la sensación de estar dando lecciones de periodismo todo el rato. Por suerte, no es así. Sorkin es como esos ancianos a quienes ya no importa nada lo que les digan, por lo cual hacen siempre lo que les da la gana, cruzan los semáforos en rojo y miran la vida con descaro. Si a alguien le molesta que le den lecciones tan solo debe cambiar de canal.

8.- Un guiño continuo

Supongo que esto es para iniciados, pero se podría hacer una competición para ver quien capta más guiños dirigidos a periodistas y políticos en cada episodio. Para ir a lo sencillo solamente mencionaré el evidentísimo paralelismo entre el personaje interpretado por Jane Fonda y su historia en la vida real. Aquí es la presidenta de un canal de noticias que se llama ACN y tiene sede en Atlanta. Ella fue esposa de Ted Turner, presidente de CNN, con sede en esa misma ciudad norteamericana.

9.- ¿Acaso los personajes deben ser siempre adorables?

Casi todos los personajes de la serie tienen suficientes elementos para caer muy mal al espectador. McAvoy (el presentador) es altivo y pagado de sí mismo, MacHale (la productora) obsesiva y demasiado lista, Jordan (la becaria que deja de serlo en seguida) medio lela, Keefer (antiguo productor y medio novio de Jordan) no ve más allá de sus narices, Harper (mano derecha de MacHale) es un buen profesional que cuando descansa de las noticias solo es capaz de pensar con su polla. Y así casi todos, con una única excepción: Charlie Skinner. El veterano director de la división de noticias es el auténtico motor del cambio, responsable a la sombra (no para el espectador) de una pequeña revolución posiblemente provocada por un capricho suyo, previo a la jubilación.

¿Quién dijo que los personaje debían caer bien? A pesar de lo dicho, el espectador va identificándose con ellos (sus defectos y virtudes) y los terminará queriendo.

10.- El discurso inicial

¿Qué decir de cuando te enamoras de una serie en sus primeros diez minutos? Eso no tiene parangón. El discurso inicial de McAvoy (genialmente interpretado por Jeff Daniels, tal vez en el mejor trabajo de su carrera) es brillante, emocionante, electrizante, magistral… No tengo palabras, pero sí un vídeo.

Estados Unidos no es el mejor país del mundo, pero puede serlo. ¡Enorme!

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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