Miss Saigon

Fui a ver Miss Saigon en Londres poco después de su estreno. Un año antes, pasando por el Drury Lane, uno de los teatros más viejos de Europa (construido en 1663 y reconstruido por segunda vez en 1812, tras dos destructores incendios), una puerta medio abierta me dejó ver durante un rato las obras de construcción de los decorados para esta función. Era interesante por ser obra de los autores de Los Miserábles (Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil), aunque tanto el tema como la intérprete protagonista generaban ciertas dudas.
¿Un musical inspirado en la Madama Butterfly de Puccini? No parecía lo más atractivo del mundo. Imposible igualar o superar esa maravillosa ópera. Y Lea Salonga era su protagonista, nuestra Gigi. Una joven cantante filipina, de tan solo 18 años, salida de un casting realizado en su país por el equipo del musical.
A pesar de las expectativas no del todo halagüeñas, celebré haber ido a esa matinée en el Drury Lane. Primero porque me dieron la mejor butaca del teatro, en la fila 3 (allí donde se puede oler lo que pasa en el escenario). Además, me pareció fantástica, mucho más teatral que la obra con la cual habían sido encumbrados los mismos autores. Era un musical tremendamente emotivo y con una gran belleza, tanto en lo musical como en la escenografía. A pesar de que apareciese un coche en escena o un helicóptero aterrizase entre una multitud, las escenas de mayor impacto eran las de escenografía más sencilla. Ahí es donde Miss Saigon terminaba atrapando.
También atrapaba la sorprendente calidad vocal e interpretativa de Salonga, y la no menos talentosa forma en que Jonathan Pryce encarnaba a ese ingeniero que se convertía en una especie de narrador disimulado. Schönberg y Boublil habían hecho un gran trabajo, ayudados por un increíble equipo que se llevó once premios Tony ese año. Todos iban de la mano de Cameron Mackintosh, el ‘rey Midas’ del teatro inglés que años antes había descubierto a esos franceses autores de un musical sobre la revolución francesa, un producto que tal como lo conocemos hoy es obra tanto suya como de aquellos.
Dicen que Schönberg encontró la inspiración para comenzar a trabajar en Miss Saigon al ver la foto de una madre vietnamita dejando a su hijo solo en la sala de un aeropuerto para volar Estados Unidos, donde su padre (soldado retirado) le podría mantener mejor al disponer de más recursos económicos. Ahí comenzó un proceso creativo que dio con el estreno del musical en el otoño de 1989 en Londres y se mantuvo en cartel durante algo más de diez años. Los autores habían logrado recordarnos a ‘Madama Butterfly’ contando la historia del amor entre un soldado americano y una joven vietnamita en los días de la caída de Saigon.
Ahora, poco antes de cumplirse 25 años de aquel estreno, se prepara la vuelta de Miss Saigon a los escenarios de la capital inglesa para la próxima primavera. No solamente esto, dijo Cameron Mackintosh que la posibilidad de llevarlo al cine dependía de si la versión para la gran pantalla de Los miserables funcionaba bien o no. Pues bien, parece que no ha ido nada mal en taquilla, por lo que aún podemos mantener la esperanza.
Qué mejor ocasión podríamos encontrar para recordar este musical, ahora que se prepara su vuelta a los escenarios y se especula con su paso por Hollywood. Lo vamos a hacer con uno de sus temas en Spotify (hace falta tener una cuenta, lo cual puedes obtener de forma gratuita asociado a tu perfil de Facebook) y dos vídeos de YouTube. El tema musical es ‘The movie in my mind’, en el audio de la grabación original del reparto que lo estrenó en el West End londinense, es decir, con Lea Salonga. No es lo más celebrado del musical, pero tengo una debilidad personal por este tema:
Y los dos vídeos a continuación. El primero es un fragmento de casi 6 minutos hacia el final de la obra. La calidad de la imagen es bastante deficiente, pero me parece una buena muestra, nada fácil de encontrar:
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