Televisión

No hay análisis televisivo del discurso del Rey

El discurso de Nochebuena del Rey es una antigualla que adquiere tintes de despropósito cuando es imitado por presidentes de Comunidades Autónomas y otros. El jefe del Estado se comunica con los ciudadanos solamente en esta ocasión de forma fija y siempre del mismo modo: un mensaje grabado al que tienen acceso todos los canales públicos y privados de televisión. Como producto televisivo no ha experimentado grandes variaciones a lo largo del tiempo. Desde que el jefe de Estado era un dictador la estampa es parecida, más allá de los avances tecnológicos por los que pasó a ser en color y en la actualidad en alta definición.

¿Se puede hacer algo para cambiarlo? No lo creo y, posiblemente, tampoco sería deseable. La potencia de ese producto televisivo de apenas unos minutos está en el propio mensaje. Por eso veo adecuada la tradicional y poco arriesgada realización que cada año acomete el equipo de Televisión Española encargado de grabarlo. Me parecen incluso prescindibles los planos de contexto. Cualquier cosa que despiste del mensaje está de más.

Intentar analizar televisivamente el mensaje del Rey me parece algo tan desfasado y antiguo como el propio mensaje. La mejor realización es, en este caso, la que no se nota. Nada causa más impacto en el espectador que un plano fijo del orador hablando. Mejor cuanto más corto sea. Esto lo sabía bien Juan Tomás Melgar, realizador de TVE que se sacó de la manga ese plano cortísimo que mostraba los poros de la piel en el rostro de Jesús Hermida. No en vano se le llamó ‘plano Melgar’. Nunca Hermida resultó más cercano, más seductor, más convincente.

El discurso más potente del Rey fue el de Juan Carlos el 23 de febrero de 1981. Un plano fijo sin más. Con una calidad técnica penosa, además. Por razones que nadie ha explicado se escucha un molesto zumbido de fondo, seguramente fruto de las prisas y la improvisación. Entonces ya pudimos comprobar que no hacía falta ningún preciosismo. Ese discurso está ya en la historia como el más trascendental. No le demos más vueltas, en este caso el mensaje es lo único que importa.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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