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En la improvisación está la clave

En la improvisación está la clave

Andreu Buenafuente siempre ha sido un convencido defensor de la improvisación. En los últimos meses ha hecho especial hincapié en ello, primero con un espectáculo teatral llamado ‘Nadie sabe nada’ y luego en su versión radiofónica de los domingos por la tarde en la Cadena SER, finalizada hace unos días. En ambas ocasiones ha estado acompañado por Berto Romero, con quien lleva trabajando desde los tiempos del late night televisivo que tantos añoramos algunos.

La propuesta teatral tuvo una segunda versión con Juan Luis Cano y Guillermo Fesser. Pude ver ambos espectáculos, en Barcelona con Buenafuente y Berto, y en Madrid con los Gomaespuma. El espectáculo fue presentado como «un ejercicio de improvisación en estado puro», aunque leí unas declaraciones de Buenafuente en las que afirmaba que la mejor improvisación es la que está muy trabajada, o algo por el estilo. Tuve la sensación de que el diálogo entre los dos protagonistas de ese ejercicio de improvisación formaba parte parcialmente de un guión, probablemente repetido en cada función, aunque en algunos momentos creo que era auténticamente improvisado y no ensayado. Precisamente fue esa parte (una hilarante historia de Andreu y su perro, ocurrida esa misma mañana) lo que más me gustó. Ergo, la mejor improvisación es la improvisada de verdad, contradiciendo las palabras de mi admirado Buenafuente.

Los Gomaespuma basaron su éxito en la improvisación más absoluta

Me gustó más la versión original que la realizada por Cano y Fesser. No tiene nada que ver con esto que tuvieran la mala idea de subirme al escenario a bailar junto a otros dos incautos espectadores. A Gomaespuma les perdono todo. La razón por la que lo disfrute menos en esta ocasión tiene relación con lo dicho. Me sonó todo a preparado y repetido cada noche. Justo lo contrario que Gomaespuma hizo casi siempre en la radio. Con la excepción del serial ‘Cándida y su señora’, el cual tenía una buena base guionizada, ellos siempre se pusieron delante del micrófono sin apenas preparar nada. Desde los tiempos de ‘El Flexo’, en 40 principales, utilizaban las pausas musicales (de las que se encargó casi siempre Santi Alcanda, el tercer Gomaespuma, que se apartó del grupo siguiendo su carrera como experto crítico musical) para pensarse lo que harían después. Eso sí que era improvisación de verdad.

En la versión radiofónica (y veraniega) de ‘Nadie sabe nada’, que grabaron en su integridad el mes de junio, sí que asistimos a la improvisación en estado puro. Para ello utilizan un recurso del espectáculo teatral, consistente en animar al personal a escribirles preguntas o reflexiones, sobre las que ellos arman un diálogo de una hora realmente delicioso. De esa forma terminaban en el teatro, usando las preguntas escritas por el público antes de entrar en la sala, y es el único argumento del programa. Hasta escenográficamente es idéntico, puesto que utilizan la misma urna para ir eligiendo las preguntas (casi nunca lo son), lo cual podemos ver los que en lugar de seguir el programa en directo vemos posteriormente el podcast en vídeo. Genial idea que agradezco a Buenafuente y a la SER.

Ni una hoja de guión, nada de ensayos, ninguna preparación previa. En el ‘Nadie sabe nada’ de la SER hay dos personas que se ponen delante del micrófono sin saber lo que contarán. ¿Es esto un privilegio exclusivo de la radio? Pues no lo creo. La fórmula se podría llevar perfectamente a la televisión con escasísimos aditamentos. La prueba es que ya se hace. En ‘Ilustres ignorantes’ de Canal Plus hay un guión de fondo que introduce con brillantez Javier Coronas. Un tema por programa y unas preguntas sobre las que se va construyendo una conversación chispeante basada en la improvisación. Pepe Colubi, Javier Cansado y otros dos contertulios invitados hacen el resto.

Ilustres ignorantes

El humor y la improvisación a menudo hacen una comunión perfecta

Como curiosidad diré que los contertulios solamente saben el tema del día y cuál será la primera pregunta con la que abrirá fuego Coronas. El resto les va sorprendiendo sobre la marcha, igual que a los espectadores. La clave está en la improvisación. Disfrutamos de esa charla igual que de una conversación entre amigos, con la diferencia de que en aquella no podemos participar. La charla se va produciendo de forma espontánea, sin que sea posible saber el camino a tomar en cada momento. Y, casi siempre, toma caminos inesperados, imponiendo su voluntad por encima de la de los intervinientes. Esa magia es la razón por la que la improvisación triunfa con frecuencia en radio y televisión. Basta con acertar en la elección de participantes. En los dos casos que menciono (‘Nadie sabe nada’ e ‘Ilustres ignorantes’), se trata de gente con ingenio, capacidad de repentización y tablas suficientes. Además de dominio del tono humorístico. Combinación ideal, porque el humor y la improvisación hacen una comunión perfecta.

Termino recomendando escuchar (o ver, mucho mejor) el octavo y último programa de ‘Nadie sabe nada’. Hacía mucho que no me reía tanto. En serio, la improvisación con Buenafuente y Berto funciona muy bien. Es tal la química que hay entre ellos que no hay necesidad de preparar esforzados guiones. La pareja flaquea (y mucho) cuando se proponen hacer sketches perfectamente guionizados. Improvisando de verdad se les ve disfrutando, y eso hace disfrutar al espectador. Y, por último, un ruego a los señores de la SER: ¿Qué tal si le damos larga vida a ‘Nadie sabe nada’? A ver si me voy a terminar tomando al pie de la letra lo que dice una cortinilla del programa: «En la Cadena SER nadie sabe nada».

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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