Televisión

Un programa, un hombre

Lo sabe, no lo sabe es un programa para el cual no vale aquello de «es imposible sin un gran equipo detrás» y tal. A ver, es cierto que sin cámaras, redactores, sonidistas, guionistas y unas mentes pensantes mandando sobre este equipo no habría programa. Pero todos sabemos que la dovela clave, la piedra de roseta, el elemento imprescindible del programa se llama Juan Ramón y se apellida Bonet. Juanra para los amigos y también para espectadores impenitentes que llevan siguiendo su trayectoria desde el Caiga quien caiga, o incluso desde el ‘Qui corre vola’ de la tele catalana.

Ahora Juanra está en la calle. O sea, hace un concurso cuyo plató son las calles de cualquier ciudad de España. La fórmula es acertada, aunque para mí tengo que no ha triunfado por eso (con picos por encima del 7% de share) sino por su presentador. El programa es Juanra. Sin él no dejaría de ser un buen formato pero estoy seguro de que lo hubiera tenido mucho más complicado para conectar con la audiencia.

Los espectadores de televisión somos sujetos caprichosos e insobornables. No se nos compra, para conseguir nuestro favor se nos ha de enamorar. Por suerte, o por desgracia (depende de la óptica desde la que se mire), no hay una receta conocida para enamorar a la audiencia. Aunque, eso sí, algunos parecen tenerla. Juanra Bonet está entre ellos.

La cámara le quiere. Se muestra natural sin parecer forzado. Es payaso pero no lo suficiente para dejar de dar la impresión de que se puede confiar en él. Improvisa sin parar (con la importantísima complicidad de unos montadores extraordinarios), pero no tiene rubor en repetir cuatro o cinco veces por programa (tal vez más) la fórmula del concurso, incluso habiendo pasado meses desde su estreno. Con todo, hace posible lo imposible. Porque muchos espectadores, además de caprichosos e insobornables, somos impacientes y solemos cansarnos de casi todo. No me pregunten cómo, pero Juanra Bonet logra no cansar ni a los más exigentes.

Por eso, no me extraña que le hayan ofrecido (sí fuera cierto) otros formatos aprovechando el tirón. Y le alabo el gusto por no haber aceptado (insisto en que siendo como algún medio ha contado) puesto que su momento dulce de ahora mismo está ligado a un concurso simplón, donde el presentador hace cierto número de preguntas a unos concursantes elegidos en la calle por él mismo, pero estos no deben contestar sino que han de elegir quien lo haga por ellos, teniendo en cuenta que la mitad de las preguntas deben ser respondidas correctamente (los elegidos deben de saberlas) y las otras no (deben de no saberlas). ¿Cómo iba a cambiar esta aventura exitosa por una que no se sabe si lo será?

El programa tiene muchas cosas interesantes, aunque una de las más llamativas es comprobar lo buena que es la gente. No digo tanto porque acierten o fallen cuando deben, ni valoro la psicología de los concursantes eligiendo las ayudas precisas. Me refiero a que la mayoría de la gente da genial en pantalla. Casi todos son fantásticos para la tele y la cámara les empieza a querer en seguida. ¿No es maravilloso? La calle es un plató excepcional, lo cual podríamos intuir, pero nunca hubiera imaginado tantos talentos televisivos por descubrir. O Juanra es el mejor de los cazatalentos, o la gente es realmente formidable, como decía aquel viejo programa de radio de los sesenta y setenta (‘Ustedes son formidables’, con Alberto Oliveras).

Pocos hubieran confiado en un formato que podría resumirse así: «Mandamos un presentador a la calle con un puñado de preguntas (y sus respuestas), acompañado de un redactor, dos sonidistas, otros dos o tres cámaras y sus medios técnicos imprescindibles. Que vayan visitando varias ciudades y nos traigan el concurso grabado. Aquí, unos montadores se encargarán de empaquetar el programa listo para su emisión». Es más o menos así, aunque contado de esta forma parece un despropósito. Por eso reconozco el talento de los directivos que le dieron a Mandarina (la productora) el visto bueno. Aunque mucho más a quien diera el nombre del presentador. Lo anterior es secundario, porque Lo sabe, no lo sabe es Juanra Bonet.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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