Televisión

Tróspidos y ríspidos

Anoche se estrenó en Cuatro la segunda temporada de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, superando el listón de audiencia de la temporada anterior y convirtiéndose en líder de la noche. No estás en este mundo si no has escuchado el término “tróspido”, ya sea relacionado con este programa televisivo o no. Se trata de una palabra inventada que empezó a correr como la pólvora por Internet de la mano de Hematocrítico, nick de un profesor de primaria amigo de Nacho Vigalondo y Mauro Entrialgo (entre otros, claro). Sospecho que el propio responsable ha ido cambiando la versión sobre el origen del apócrifo término, y está en su derecho de hacerlo. De no cobrar royalties por lo menos tener la potestad de inventarse también de donde viene. He leído desde la versión de que así se llamaba en algunos pueblos a los hijos nacidos de una relación entre primos hasta que simplemente surgió de un juego entre amigos inventando palabras.

Es un ejercicio divertido el de inventar palabras. En una ocasión lo propuse en un foro (pronto estrenaremos nuevos foros en laGatera, por cierto) y el resultado fue mucho mejor de lo esperado. Lo gracioso más que inventar el término era hacer lo propio con la definición. En la presentación de la temporada de Cuatro, Manuel Villanueva (director de contenidos de Mediaset España) comentaba que ya hay un antónimo para “tróspidos”. Se trata de “ríspidos”, aunque en este caso la palabra existe y es definida en el DRAE como: “Áspero, violento, intratable”. De lo cual se deduce que los “tróspidos” son sociables, corteses, efusivos, abiertos e incluso delicados. Sobre esto habría mucho de que hablar, aunque lo importante de este tipo de palabras es que cada uno se las puede apropiar y definir a su manera, con el permiso del señor Hematocrítico.

Como afirma el propio autor, la clave de la palabra está en que es esdrújula. “Quizás hacen falta más adjetivos esdrújulos, o puede que porque se puede utilizar de cientos de maneras”, afirmó Hematocrítico en una entrevista de La información. Esdrújula es “ríspidos”, solo que no podemos jugar igual con ella porque ya lo hicieron los señores de la Real Academia, sentando cátedra.

De forma que lo bueno de los tróspidos es que podemos jugar como queramos con ellos, algo no solamente aplicable al término. ¿Quién quiere casarse con mi hijo? es un reality que algunos han querido encuadrar en la categoría de factual. Factual es lo relativo a los hechos, es decir, contrario a lo teórico o imaginario. Es aquello que debe de ser conocido por su carácter poco común o excepcional. Me encanta cuando alguien se pone filósofo en la Wikipedia y añade cosas como que “no debemos confundir lo factual con lo que se llama milagro”. Tal vez porque la excepcionalidad del milagro sea, precisamente, que pueda trascencer lo imaginario como real. En cualquier caso, no es un reality (o factual) show normal. Lo bueno de este programa es que desmitifica la realidad.

Con ¿Quién quiere casarse con mi hijo? ocurre un fenómeno que se puede observar en otros programas pero creo que nunca con tanta claridad. El espectador vive su propio reality en Internet. Lo de menos es la herramienta elegida, que depende del momento. Puede ser Twitter, un blog u otro foro en la red. Donde quiera que sea se produce un fenómeno paralelo al de la televisión, generado por el programa y particularmente durante su emisión. Al hilo de las situaciones propuestas, la red se mueve en un terreno donde no importa tanto lo que sucede sino la forma en que esto puede ser reinterpretado mejorando la versión original. La descontextualización de imágenes y situaciones realizada con talento y buen humor desde la red supera en ocasiones al formato televisivo, mejorándolo y dotándolo de una brillantez y un talento que no surgiría en la misma medida de no existir aquel.

Ya digo que no solamente ha sucedido con este programa. Incluso alguna ficción ha provocado algo semejante, como sucedió con la tv-movie ‘Felipe y Leticia’ (curiosamente las tv-movies son la ficción más propensa al fenómeno que comento, generalmente basadas historias y personajes reales, incluso ligadas a la actualidad). Otros programas del mismo género también tienen parecido eco, pero con los tróspidos es mucho más. ¿Por qué? Supongo que el formato lo pone fácil.

¿Quién quiere casarse con mi hijo? depende de tres factores: casting, guion y edición. El primer factor es común a cualquier programa de este tipo. Sin buenos personajes no hay historia, por muy bien que se haga todo lo demás. Con el guion deben de tener cuidado para que no se note demasiado, porque no podemos olvidar que se trata de reflejar una realidad, más o menos formateada pero realidad. Es la edición lo más importante en este caso (una vez más).

Una edición que busca lo concreto: situaciones aisladas, frases sorprendentes, miradas, gestos… Lo accesorio cobra protagonismo absoluto, lo cual lejos de provocar en el espectador la búsqueda de un mayor conocimiento lo que hace es convencernos de que sabemos mucho más de lo que en realidad hemos podido conocer. Ni que decir tiene que todo ello trufado de una buena y oportuna selección musical, un ritmo perfecto y Luján Argüelles en el fantástico papel de presentadora tantas veces ríspida como tróspida.

En Gran Hermano (inmejorable punto de referencia) el espectador busca profundidad y gusta de poder hacer un análisis detallado, contando con un grado muy importante de conocimiento. Sin embargo, aquí estamos ante un formato que precisamente se basa en todo lo contrario. No hay más complejidad que la deseada por el espectador, y habrá de añadirla por sí mismo (o en compañía de otros, como dice alguna famosa sentencia judicial). Esto facilita esa visión despreocupada, más interesada en el chascarrillo de la red que en unas situaciones que no llegaremos a conocer plenamente, ni falta que hace. En definitiva, esto es un programa de entretenimiento, un medio ideal para olvidarnos de las crisis y las mierdas que todos tenemos. Y cumple su función. Ya lo creo que la cumple.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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