Televisión

La voz de la audiencia

La audiencia ha hablado y no hace falta ser un experto para darse cuenta que un 30,6 % de share es mucho. Son audiencias de otros tiempos, se dice últimamente en estos casos, que son muy pocos. Unos dirán que no tardará en desinflarse, aunque no lo creo. Otros que en la comparación con la edición inglesa o USA sale perdiendo la de Telecinco, aunque obvian señalar que los sajones son los amos de la música popular desde hace un siglo, como poco. La clave no es el hype que ha conseguido provocar Mediaset, ni el fenomenal trabajo de mis compañeros y amigos en la página web o la gestión de redes sociales. La clave de este éxito de La Voz es el propio formato, con sus luces y sus sombras.

Voy a intentar resumir los pros y contras de este formato que anoche consiguió un éxito impresionante en nuestro país, después de haber triunfado en medio mundo. Para ello me baso en las dos ediciones que he venido siguiendo: la que emite Telefe en Argentina (van por las batallas) y la de NBC en USA (he visto la segunda edición completa, y ahora están empezando con la tercera).

Los pros de la versión que está emitiendo Telecinco de ‘La Voz’, ‘talent show’ de éxito internacional

1.- Es parcialmente una novedad:

El programa innova en el mundo del talent show. Lo hace, sobre todo, en la primera fase. Las audiciones ciegas son un brillante arranque, con todos los ingredientes para encandilar a la audiencia. Sobre todo porque es nuevo, algo que después de a los programadores de televisión es a los espectadores a quienes más les gusta.

La segunda fase sigue manteniendo cierto marchamo de novedad. Las batallas enfrentan a los concursantes de dos en dos. Ambos son del mismo equipo y el coach les propone la misma canción, que deben defender juntos. El escenario se transforma en un ring, incluso en su escenografía, y el propio coach elige al ganador del duelo, no sin antes haber escuchado a sus otros tres compañeros. Luego viene una competición más tradicional, en la que la novedad es que empiezan las galas en directo.

El formato se parece mucho a ‘X Factor’ (hicieron dos ediciones de ‘Factor X’ en Cuatro), pero su mayor éxito está en las audiciones ciegas, precisamente aquello que es novedad absoluta. El programa va ganando en espectacularidad escenográfica (más público en plató, un escenario brillante, adornado o mejor iluminado), pero al principio tiene la llave maestra de la novedad, que abre muchas puertas en la televisión.

2.- Las primeras fases son grabadas, lo que otorga gran dinamismo:

En contra de lo que cabría esperar, el hecho de que las dos primeras fases (audiciones ciegas y batallas) sean programas grabados previamente no le quita interés. Muy al contrario, esto otorga al formato un dinamismo necesario cuando se plantea la repetición del mismo argumento una y otra vez. La Voz no es un reality sino un talent show.

En un reality como Gran Hermano pesa menos la duración de las galas porque los argumentos van cambiando. El foco de atención varía durante el desarrollo de un mismo programa. Hay imágenes de lo sucedido en la semana, seguimiento de conflictos anteriores, conexiones en directo con la casa, nominaciones, expulsión, entrevista, testimonios de familiares y más cosas.

Sin embargo, en este formato la fórmula se repite incesantemente durante todo el programa. Se presenta a un nuevo aspirante y quienes le acompañan, sale al escenario, vemos las reacciones de sus acompañantes junto a Jesús Vázquez, los coaches vacilan si dan la vuelta a su silla, lo eligen o no, y si finalmente lo hacen pueden obligarle o no a decidir integrarse en un equipo. Esto conforma una unidad que va repitiéndose una vez tras otra.

Por eso es importante que consigan atrapar el interés con un montaje dinámico. La edición del programa cobra así una importancia poco usual. La voces pueden atrapar o no, pero sí lo debe hacer un buen montaje lleno de ritmo. Aunque al principio lamentemos perdernos la tensión del directo, luego lo agradecemos. Especialmente sabiendo que tendrán su momento.

3.- Un presentador casi invisible:

Al presentador solo se le exige que sea amable con el concursante, sus familiares y acompañantes. Además, tiene una importante labor al ser la voz en off del programa. Solo se le regala la visita a algún aspirante en su entorno personal o laboral para comunicarle que ha sido elegido para participar en el programa. Su figura queda difuminada, lo cual viene a apoyar los dos puntos anteriores (esto es una novedad y favorece el dinamismo en la edición).

4.- Los coaches tienen que formar un equipo, no juzgar a los concursantes:

Ni Simon Cowell ni Risto Mejide. Los coaches no han de ser el azote del concursante. Su labor es como la de un seleccionador deportivo, deben escoger a los que ellos consideren que son los mejores para hacer un buen equipo. La competencia entre ellos es importante, pero también su complicidad.

Buena parte del interés descansa en la tensión a la hora de ver si eligen o no a cada concursante, o como pelean por integrarlo en su equipo o se lamentan de haber dejado pasar una buena voz. Luego tendrán el papel importante de empastar dos buenas voces para las batallas, eligiendo la canción adecuada para ellas. Ellos no están ahí para criticar la película sino para filmarla, lo cual les termina haciendo amables ante la audiencia.

5.- ¡Por fin música en directo!:

No me refiero a las voces, en este caso. Anteriores concursos de talentos de la canción usaban música pregrabada sin justificación alguna. En La Voz la música suena en directo.

6.- Historias personales potentes:

Ignoro si habrá en la edición española tantas historias potentes como las que he visto en las ediciones mencionadas de otros países. Una concursante que estuvo a punto de perder la voz, uno que es portador del VIH y pasó de delincuente a realizar labores sociales en centros de salud, o el agricultor que nunca salió de su aldea y la primera vez que lo hizo fue para ir al plató del programa.

Un buen porcentaje de concursantes no lloran después de actuar debido a la emoción de ver a los coaches interesarse por ellos, o frustrados por no haber sido elegidos, sino antes de actuar contando su historia personal. Es lacrimógeno, sí. Pero funciona. Y es así porque es real. Este es el único punto de conexión que tiene este formato con la telerrealidad.

7.- El espectador no decide pero su opinión es escuchada:

Al final la audiencia termina jugando un papel decisivo a la hora de elegir la voz ganadora, pero antes de eso el programa pasa por todas las fases apuntadas. Esto se compensa con una atención especial a la reacción de la audiencia en redes sociales. Esto también es innovación. Es la primera vez que no se limita todo a elegir un hashtag y promover que se hable del programa en las redes, sino que esta actividad tiene un reflejo inmediato y permanente.

Impacto social de La VozEl impacto social del programa se mide en la web de Telecinco. La audiencia tiene voz propia y es escuchada por el canal que realiza y emite el programa.

Se trata de un trabajo notable, que irá siendo más ambicioso según vaya avanzando el programa, hasta tener reflejo durante su emisión, cuando comiencen las galas en directo.

8.- Había ganas de algo así:

Tras el éxito de Operación Triunfo durante varias temporadas, en la última el equipo del programa parecía haber desaprendido a hacerlo. Luego hemos sabido algunas razones (desde la ausencia de Tinet Rubira a las tensas relaciones de algunos responsables del programa o la productora con el canal) pero en su momento produjo la frustración en muchos seguidores al tener un final apresurado bruscamente. Desde entonces ese público esperaba la ocasión de volver a ver un gran espectáculo de estas características. Y ¡voila! Aquí lo tenemos.

Los contras

1.- El interés va en descenso:

Como ya he señalado en el apartado anterior, el formato va perdiendo fuerza en la misma medida que gana en espectacularidad. Ni más público en plató, ni una escenografía más brillante, ni la tensión de las galas en directo consiguen que la audiencia supere la sensación de que lo mejor está al principio, con las audiciones ciegas y, si acaso, las batallas.

2.- Excesiva duración de las galas:

A la hora y media de la edición americana le sumamos una hora más. Esto no es algo aislado y se corresponde con una edición más breve (13 programas, según parece, frente a 21). Es decir, en menos programas consiguen que entren más concursantes. Aquellos coaches forman un equipo inicial con 12 integrantes y los Bisbal ‘and company’ tendrán 14. Exigir a la audiencia que mantenga la fidelidad durante dos horas y media todas las semanas es una dificultad añadida.

3.- Muchos concursantes para recordar:

Como decía anoche Gilda Santana en Twitter, si pensamos en una serie o telenovela, recordar más de 35 o 40 personajes ya es demasiado. Aquí tenemos 56 concursantes salidos de las audiciones ciegas, aunque de esos se eliminan la mitad en las batallas. Cierto que parece más posible recordar a los 28 que llegan a la última fase, pero tal vez sea tarde y nos hayamos desanimado tras un proceso de selección donde habremos escuchado demasiadas voces.

4.- La materia prima:

Los sajones son los amos de la música popular, como dije al principio. Aguantar la comparación entre el nivel de las voces españoles y las de estos países es prácticamente imposible. En USA das una patada a una piedra y salen veinte cantantes alucinantes. Son más y tienen muchísimas posibilidades de vivir de la música. En eso salimos perdiendo sí o sí.

5.- Los coaches tienen la palabra. O no:

El problema es que algunos parecen no defenderse especialmente bien con las palabras. Melendi parece catedrático al lado de Rosario, por ejemplo. Conviene que sean buenos profesionales plagados de discos de platino, pero también sería exigible que supieran expresarse con soltura y corrección.

Conclusiones

Como puede verse, la mayor parte de los contras se refieren a las particularidades de la edición española, tanto por la duración del programa como por el papel de concursantes y coaches, en los que descansa casi todo el peso una vez comprobado que el presentador es casi invisible. Estas pegas y las dos implícitas al formato (número de concursantes e interés descendente) no empañan el reflejo que tuvimos anoche (viendo el programa y comprobando su impacto social) y esta mañana (al conocer los datos de audiencia). La sensación es que estamos ante una bomba de programa, una de las propuestas televisivas más brillantes de los últimos tiempos. John de Mol (creador de La Voz y Gran Hermano), no nos faltes nunca.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor del blog El Gato encerrado en telecinco.es, además de colaborar en el programa MorninGlory en Radioset y BeMad. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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