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Nada de ‘it girl’, ahora mola ser ‘poem girl’

  Por      22 Ene 2014

Poem girl

Acostumbrado a las ‘it girls’ me pierdo por YouTube para descubrir un fenómeno con el que este comparte conexiones. Ellas perfectamente podrían haber sido ‘it girls’, pero la poesía les ha llevado por un camino paralelo cuyo fin y destino todavía está por ver. Y como no he encontrado que nadie le haya puesto nombre me atrevo a hacerlo yo mismo: son las ‘poem girls’. ¿Quieres conocerlas?

Una ‘it girl‘ debe poseer “eso”, una atracción indescriptible nada fácil de definir. La indefinición juega a favor y en contra, si se mira desde el punto de vista de la aspirante a serlo. No hace falta tener nada en concreto, lo cual permite que cualquiera pueda llegar a serlo. Por otro lado, no hay una fórmula mágica para convertirse en ‘it girl’. Bien es cierto que la realidad es algo menos ideal que esta teoría, como suele.

Al final, muchas ‘it girl’ no pasan de ser niñas bien que saben trabajar su imagen y emplean todo el tiempo del mundo en hacerse un hueco. Ahora comienzan en redes sociales, atrapando a muchos que quedan prendados por ese halo tan ‘it’, tan indescriptible, tan imposible de concretar. Y ya puestos a ser de verdad es necesario el salto al mundo de la noche, o tal vez sea mejor decir el asalto al photocall.

Moderna, enteradilla, estilosa, cool, enigmática, esquiva, inalcanzable, medio intelectual y romántica. Así es una ‘it girl’

Aunque no existan reglas escritas, una ‘it girl’ que se precie de serlo ha de ser moderna, enteradilla, estilosa, cool, bastante enigmática, esquiva, inalcanzable, medio intelectual, romántica y un poco de vuelta de todo. Lo metes en una coctelera, le añades unas notas de improvisación, una vida teóricamente ocupada y cierto desaliño moderado como parte de una imagen propia, personal e intransferible, trabajada con tanto esfuerzo como dedicación, y… ¡Voila! Ha nacido una ‘it girl’.

No lo son todas las que quieren serlo, pero se les nota a legua. ¿Que no? Frente a lo complicado de definir y determinar lo que debe tener una ‘it girl’ (el ‘eso’ en cuestión), las ‘poem girl’ han de escribir versos. Aún más, deben leerlos con atractiva languidez y voz inesperada. Pero, sobre todo, tienen que derramar romanticismo allá por donde pasan. Y suelen pasar por YouTube, su primer escalón. Luego vendrán las giras leyendo sus poesías en locales y a saber qué más. En todo caso, siempre les quedará YouTube como esa herramienta principal, cooperadora necesaria para ser lo que son.

Tal vez el quinto párrafo sea ya demasiado tarde para aclarar que me fascinan las ‘it girls’ y, mucho más aún, las ‘poem girls’. Puede que haya parecido lo contrario porque suelo intentar enmascarar mi tendencia al análisis pretencioso y trascendente con el recurso del humor, ese arma letal de la coña y un par de vueltas a la picadora donde guardo el veneno. Con todo, ni siquiera mi descreimiento me aparta de la atracción irresistible hacia una buena ‘it girl’, particularmente a aquellas que ni siquiera son conscientes de serlo.

La imprescindible languidez de una ‘poem girl’ y su inverosímil inocencia hacen de vacuna contra la líbido

En cuanto a las ‘poem girls’, me fascina su capacidad para recitar versos propios con una carga erótica importante sin que apenas se note. La imprescindible languidez (clave de las claves) desposee de erotismo sus versos. Sus voces aniñadas y la inverosímil inocencia que atesoran son vacuna contra la líbido. Se trata de una vacuna que no precisa de antídoto porque inevitablemente provoca una reacción a la inversa de proporciones imprevisibles. Unas veces tardía, y otras inmediata.

Por mi parte, ha sido un placer descubrir una ‘poem girl’ tras otra. Primero porque celebro que la gente joven siga escribiendo poesía, como debe ser. Segundo porque esta bandera la están blandiendo ahora mujeres. Y tercero porque no parecen ruborizarse al mostrarse enamoradas. No sé si hacen buena poesía o no, y tampoco es eso lo más importante. Lo que no me ofrece ni la más mínima duda es el enorme talento de cada ‘poem girl’ que he conocido. Solo una de ellas acumula talento, no puedo ni imaginar el que podrían llegar a sumar todas juntas.

Con el único ánimo de ilustrar estas líneas (aunque en realidad me siento un poco delator), van dos vídeos. Son Alejandra Saiz y Sara Bueno. Lo dicho, talento a raudales.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor de los blogs El Gato encerrado y Desde el palafito, además de colaborar en el programa de radio MorninGlory en Radioset. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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