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Programadores tipo ‘militar’ o ‘sanitario’

  Por      11 Dic 2013

Programadores tipo 'militar' o 'sanitario'

Podríamos decir que hay dos tipos de programadores o altos directivos en la esfera televisiva de nuestro país: los de modelo militar y los de modelo sanitario. Los primeros mandan sus mejores productos a primera línea del campo de batalla a riesgo de sacrificarlos. Los segundos prefieren proteger con un cordón sanitario sus joyas de la corona.

La clasificación en ‘militares’ y ‘sanitarios’ no significa que no haya terceras vías. Terceras, cuartas, quintas y todas las que sean. De hecho, hay programadores televisivos que aparentemente se mueven como pollo sin cabeza, dando bandazos y actuando de forma menos juiciosa que si tomaran sus decisiones tras la ingesta de grandes cantidades de alcohol. Oh… espera… igual ese es el tema.

Me refiero, por tanto, a aquellos directivos de canales de televisión que han decidido coger las riendas con seriedad y profesionalidad. Aquellos que toman decisiones de forma medida y minuciosamente planificada. Decisiones sin duda discutibles, pero que no surgen del azar. Es este grupo de directivos serios el que clasifico en dos grandes grupos, atendiendo al riesgo tomado respecto a sus formatos más reputados.

El programador tipo ‘militar’ manda sus programas estrella a luchar contra las principales apuestas de la competencia

El programador que toma el modelo militar no duda en mandar alguno de sus programas de más éxito a luchar contra el programa estrella de la competencia. Es como el general que confía en sus mejores hombres y son sus tropas de élite las que corren mayor riesgo al acudir a las batallas más duras y complicadas, aquellas con más posibilidades de saldarse con importantes bajas.

Su filosofía es la de no tirar nunca la toalla, por lo que prefieren el desgaste de sus productos más rentables, aquellos que dejan siempre mejores datos de audiencia, antes que dar por perdida la batalla. “¿Con qué podemos vencer a la mayor apuesta de la temporada por parte de la competencia?”, preguntarían antes de tomar la decisión de atacar con su programa estrella. Los mejores hombres deben ser enviados a los frentes de batalla más complicados. Aunque haya bajas, aún a riesgo de que esa temporada su programa pierda el liderazgo que siempre consiguió y aparezca debilitado por la cruenta lucha del share, cuyos efectos son tan masivos como los de la peor arma de destrucción.

El tipo ‘sanitario’ prefiere proteger sus programas estrella para evitar un cualquier debilitamiento o contagio

Por contra, el programador que prefiere optar por el modelo sanitario es más dado a proteger sus programas estrella, intentando situarlos en un hueco de la programación donde en principio no tengan una dura competencia. Se trata de establecer un cordón sanitario alrededor de sus principales apuestas, que ya vendrá la competencia a intentar transpasarlo.

La filosofía es, en este caso, no poner a competir determinado tipo de productos contra las apuestas más fuertes de la competencia, no vayan a enfermar y pasen de tener una baza importante a estar obligados a cuidar un enfermo que compite contaminado y debilitado en extremo. El modelo ‘sanitario’ de directivo televisivo prefiere prevenir antes de curar, renunciando al enfrentamiento entre estrellas siempre que sea posible. Lo importante es preservarlas.

El caso ‘El tiempo entre costuras’

El tiempo entre costuras

Una vez explicada la retórica (en parte una broma) de los ‘militares’ y los ‘sanitarios’, ha llegado el momento de dar nombres y ejemplos. Antena 3 programa la primera temporada de El tiempo entre costuras la noche de los lunes. Se trata de una serie de producción costosa (no confundir costoso con caro, error bastante frecuente) y que contaba con la buena sensación causada en pases previos, principalmente durante el FestVal de Vitoria.

El programador sabe lo que hace, puesto que el lunes había sido últimamente uno de los días más flojos para Telecinco, toda vez que C.S.I. había acusado el desgaste de años emitiendo varios episodios seguidos de sus múltiples versiones. El lunes parecía un día sencillo, pues Telecinco suele situar sus realities o talent shows en miércoles o jueves y, además, no hay nunca citas futbolísticas de primer nivel.

Por lo visto, en un principio el programador ejerce su perfil ‘sanitario’, que corresponde más al grupo Atresmedia, y protege su producto estrella de la temporada.

El caso ‘La Voz’

La Voz

En frente (o en el otro frente de la batalla por la audiencia) está el grupo Mediaset, mucho más dado a cumplir con el perfil ‘militar’. La prueba está en que a la hora de programar La Voz, su formato estrella de la pasada temporada, habiendo liderado cada día en share y audiencia social con unas cifras que correspondían más a otras épocas.

Pues bien, el programador decide enfrentar su concurso de talentos de la canción a la serie estrella de la competencia, sabiendo incluso que no podrá mantener ese día durante toda la edición porque cuando comenzasen los directos tendría que moverlo del lunes por motivos operativos de distinta índole. Pero La Voz era su principal guerrero disponible en ese momento, y debía ser encargado de esa complicada tarea.

El riesgo de debilitar una de sus principales apuestas parece pasar a un segundo plano para este tipo de programadores. Es una estrategia incuestionable, además de ser imposible de comprobar si siguiendo la contraria los resultados en su conjunto hubieran sido mejores o peores. Lo que si tengo claro es que se trata de una estrategia mejorable.

Otros casos

El año pasado ya sucedió algo similar con la décimo cuarta edición de Gran Hermano, también programada en lunes. En este caso, la decisión del programador fue poner la primera semana otra gala del programa en jueves, pero tal vez hubiera sido mejor reservarse la primera gala para otro día que no fuera el lunes de la final de Tu cara me suena.

Tal vez sea conveniente proteger al menos el estreno de los grandes formatos, para garantizar así el efecto arrastre en buena parte de la audiencia

La tradición de una edición de GH comenzando en domingo creo que se sustentaba en dos argumentos. Primero que de esa forma a los dos primeros programas les separaban pocos días, lo cual parece que favorece al formato; y segundo que la primera emisión iba en una noche de menor consumo televisivo, pero habitualmente menos competitiva, si eso es aplicable ahora mismo. Es importante que el primer programa consiga una buena audiencia, no por el dato en sí, sino porque eso puede tener un efecto arrastre entre quienes lo vieron. Si, en caso contrario, la audiencia el día del estreno de GH está pendiente de la apuesta estrella de la competencia, es más complicado luego recuperarlos.

Tal vez la conclusión puede ser que está bien reservar las tropas más preparadas para luchar en los campos de batalla más duros, pero no hace falta precipitarse y mandarlos tan temprano, sin asegurarse antes que van bien preparados, provistos de vendas y buenos chalecos salvavidas.

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor de los blogs El Gato encerrado y Desde el palafito, además de colaborar en el programa de radio MorninGlory en Radioset. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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