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Historia de un engaño magnificado por la mitomanía

  Por      31 Oct 2013

Historia de un engaño magnificado por la mitomanía

Todo parece indicar que las consecuencias del programa de radio ‘La guerra de los mundos’, que realizara Orson Welles hace 75 años, se han exagerado hasta convertirlo en el mito de un engaño basado en otro engaño.

Estados Unidos es probablemente el país con más cantidad de mitómanos por metro cuadrado. Debe ir en el ADN de ese pueblo orgulloso siempre de sí mismo, pero con la necesidad de crear mitos que les mantengan por encima de los demás. En lo relativo a los medios de comunicación, necesitaron un Watergate para poder presumir del poder de la prensa, capaz de derribar a un presidente. También aprovecharon un programa de radio de ficción, como ‘La guerra de los mundos’, para empezar a fabricar la bola de nieve que hablaba de masas aterrorizadas abandonando sus casas temiendo la invasión marciana. Esa bola de nieve creció y creció. No solamente eso, sino que consiguió establecerse como un mito aceptado por casi todo el mundo, cuando parece más sensato creer a investigadores como los sociólogos William S. Bainbridge y Robert E. Bartholomew, quienes tras estudiar el caso llegaron a la conclusión de que se han exagerado hasta la náusea las consecuencias de aquella emisión radiofónica.

Welles no pretendía engañar a la audiencia, sino simplemente hacer una buena ficción radiofónica

La principal conclusión que saco tras escuchar en su integridad el viejo programa de una hora de duración que realizara Orson Welles para CBS radio hace 75 años (una víspera de Halloween, más o menos como hoy), es que en absoluto pretendía engañar a la audiencia. Los que ahora se flipan equiparando ese programa de ficción con un viral de Internet, o comparaciones similares, no han debido escucharlo y hablan de oídas. Es cierto que en la emisión se dramatiza un supuesto programa de radio emitido el día de la invasión extraterrestre, pero también lo es que durante muchos minutos escuchamos a uno de los personajes de ficción, nombrado como “profesor Pierson”, leyendo páginas de un diario escrito dos días después de la invasión. La elipsis narrativa indica con claridad meridiana que estamos ante una ficción, mucho más que detalles como el aviso por parte de un locutor al inicio de la emisión de que se trataba de una dramatización realizada por Orson Welles y el Mercury Theatre.

El aviso del que hablo se repite en medio del programa, no solamente al principio. Y a su finalización, un joven Welles (con tan solo 23 años) pronuncia las siguientes palabras:

“Les habla Orson Welles, señoras y señores, fuera de la caracterización. Les tengo que asegurar que ‘La guerra de los mundos’ no ha tenido más intención que la de celebrar una simple fiesta. En su versión para la radio, el Mercury Theatre también se disfrazó con una sábana y saltó desde los arbustos para asustar diciendo: ‘Huuu’. Si empezáramos de nuevo, hubiéramos tardado todo un día en llenar de jabón sus ventanas o arrancar las puertas de sus jardines. Por tanto, preferimos hacer otra cosa. Hemos aniquilado al mundo ante sus propios oídos y destruido totalmente la CBS. Espero que se sientan aliviados al saber que, realmente no iba a en serio, y que ambas instituciones siguen abiertas para sus negocios. Así que, adiós a todos y, por favor, recuerden (al menos hasta mañana) la terrorífica lección que aprendieron esta noche. La brillante, sonriente cabeza de globo del invasor que se encuentra en el salón de sus casas no era otra cosa que un habitante con la calabaza hueca, y si acaso el timbre de la puerta suena y al abrir no ven a nadie… no será un marciano… es Halloween”.

La realidad no parece aproximarse a lo que nos han vendido durante años

La versión apócrifa y poco fiel a la realidad que ha ido quedando al pasar de los años dice que Wells tuvo que intervenir al final de la emisión para tranquilizar al pueblo americano, pero escuchando o leyendo sus palabras se puede apreciar, sin ningún género de duda, que se trata de un texto en tono humorístico (equipara al mundo y la CBS como “instituciones” que seguirán “abiertas para sus negocios”), escrito previamente a la emisión y locutado de forma relajada por el director de ‘Ciudadano Kane’. Es decir, ni la emisión tenía intención de hacer creer a la población en un ataque extraterrestre ni su responsable tuvo que tranquilizar a las masas al terminar. Lo cierto es que Wells pretendió hacer una buena ficción, para lo cual contrató a Howard Koch (que firmaría unos años más tarde el guion de la película ‘Casablanca’, junto a los hermanos Epstein), basándose libremente en la novela de H. G. Wells.

Historia de un engaño magnificado por la mitomanía

Los programas de ficción eran habituales en la radio de los años 30 y posteriores, reuniendo a la familia en torno al aparato de radio

Ahora resulta extraño oír hablar de ficción en la radio. El medio ha evolucionado dejando que la televisión se apodere de ese género, lo cual parece de todo punto lógico. En España, los últimos seriales radiofónicos tuvieron un tono humorístico evidente. Desde aquella ‘La saga de los Porretas’, superviviente del género en la Cadena SER durante finales de los 70 y principios de los 80, o la más reciente resurrección del género de la mano de Gomaespuma y las historias de ‘Cándida y la señora’. También en esto se ha modificado la realidad, obviando que la población americana de la época estaba acostumbrada a escuchar teatro radiado (‘Teatro en el aire’, lo llamaba Radio Nacional en nuestro país), y todo tipo de seriales, lo cual hace mucho más complicado que se dejaran engañar por esta historia de extraterrestres.

Durante décadas se ha hablado de esta emisión como un ejemplo de hasta que punto puede llegar a afectar el trabajo de los medios de comunicación a la sensibilidad pública. Para ello se han contado historias sobre personas que huyeron de sus casas, calles repletas de coches comenzando un éxodo hacia no se sabe dónde, líneas de teléfono saturadas, e incluso suicidios por el temor a la invasión marciana. Datos todos ellos sin una base sólida por la que debamos darles crédito. Por muy persuasiva que resultara la historia y muy bien hecha que estuviera (para la época) su dramatización y los efectos de sonido que la acompañaban, lo que estaban contando era una fantasía enorme. Una nave caída en una granja de Wilmuth, cerca de Grovers Mill (Nueva Jersey), explosiones en Marte, naves cilíndricas aterrizando, un humo negro (¡cómo en ‘Lost’!), hectáreas de terreno calcinadas, marcianos de aspecto indescriptible, terror apoderándose de Manhattan y locutores muertos. Al final, tan solo dos supervivientes: un militar y el ya mencionado profesor Pierson, testigos de una catástrofe que transmitían a una población supuestamente arrasada y devastada, pero que continuaban escuchando la radio supuestamente aterrorizados.

Algunos oyentes buscaron otras fuentes informativas para terminar de tener claro si se trataba de información o ficción

El primer responsable de la realidad magnificada del fenómeno ‘La guerra de los mundos’ fue Hadley Cantril, psicólogo de la Universidad de Princeton que escribió en 1942 ‘La invasión desde Marte”, un estudio basado en el testimonio de tan solo unas 135 personas. Sus conclusiones fueron que 1.200.000 oyentes (sobre una audiencia total en torno a los 6.000.000) no solo interpretaron que estaban oyendo un noticiero real sino que sufrieron cierta crisis nerviosa. Solo un 28% de los oyentes con educación universitaria creyó que era un informativo real, frente al 46% y 36% con estudios primarios y secundarios. Tres de cada diez entrevistados admitieron que les hizo confiar escuchar a supuestos científicos. Sin embargo, más de la mitad identificaron la voz de Wells (¡meec, error!). Otros reconocieron el argumento de ‘La guerra de los mundos’ o les sonó a un cómic conocido. Muchos sacaron la cabeza por la ventana, especialmente en Nueva York, para comprobar que todo estaba en paz, o sencillamente buscaron en el dial otra fuente para confirmar la información.

Una muestra sesgada puede llevar a engaño

La mayoría de las 135 personas consultadas habían comunicado su deseo de contar la experiencia vivida durante la emisión del programa. Por tanto, la muestra tiene un sesgo claro, como denunciaron a finales de los ochenta los mencionados Bainbridge y Bartholomew en la publicación ‘Skeptical Inquirer’. Según estos, entonces los estudios sociológicos estaban poco depurados, a lo que se suma lo poco rigurosa que fue la muestra en este caso. Se trata de un estudio basado en testimonios concretos que claramente representan ejemplos de psicología del pánico, posiblemente en casos especialmente sensibles o proclives a ello. Desde quien asegura haber olido el gas venenoso hasta quien sintió el calor de los “rayos caloríficos”, pasando por quienes experimentaron sensación de ahogo, los que escucharon el ruido de las ametralladoras o podrían describir el sonido que desprendía el viscoso cuerpo de los marcianos.

Historia de un engaño magnificado por la mitomanía

Esto dice la citada publicación del ‘Skeptical Inquirer’:

“La mente humana no funciona como una cámara de vídeo que captura cada pieza de información que entra en su campo de visión. La gente interpreta la información que se procesa. Estas memorias no están bloqueadas en el cerebro, de forma estática para siempre. Nuestra memoria de lo sucedido se reconstruye a lo largo del tiempo (Loftus y Ketcham, 1991). Cantril (1947) cita el caso de la señorita Jane Dean, una mujer devota, que al recordar la emisión dijo que la parte más realista era ‘la lengua de fuego que se extendió por todo el país’, añadiendo: ‘Esa era la forma en que me imaginaba el fin’. En realidad, no hay ninguna mención a una lengua de fuego en ninguna parte de la emisión”.

El informe que pretendía demostrar la influencia de los medios ha resultado de una influencia mucho mayor que el programa de radio estudiado

No se puede negar que hubo oyentes que confundieron la emisión de esta ficción con una información real, pero una interpretación excesiva de lo sucedido ha conducido a una idea errónea. Ni se reportó ningún suicidio ni se han recogido testimonios años después, como suele hacerse con cualquier acontecimiento. Hace un par de semanas leí un reportaje en ‘El País semanal’ con testimonios de testigos del asesinato de Kennedy que, por unas razones u otras, no lo habían contado hasta ahora. Esto nunca pasó con afectados por el pánico la noche del 30 de octubre de 1938. El estudio de Cantril es una paradoja, puesto que tratando la influencia social de los medios sobre las actitudes de las masas, en realidad está siendo un retrato del propio informe, cuya influencia se ha demostrado mucho mayor que el programa de radio objeto del estudio.

No hay en esta reflexión intención alguna en desprestigiar el informe Cantril, que sentó las bases para el estudio de la propagación de los rumores y las campañas de desinformación. Pero la psicología del miedo ha sido objeto de multitud de estudios posteriores, y no me parece arriesgado concluir que la exageración de este caso, al igual que pasa con muchas de las conspiranoias, encierra bajo una apariencia de protección para evitar el miedo la ironía de terminar resultando elementos mucho más propagadores del pánico que ningún otro. ¿Realmente el programa de Wells propagó un pánico generalizado o ha sido la exageración de sus consecuencias lo que ha terminado teniendo una auténtica propagación, esta vez sí, viral?

¿Sería hoy posible?

La gran duda que se plantea inevitablemente cuando se recuerda la historia de ‘La guerra de los mundos’ es si sería posible hoy un engaño como ese. Estoy del lado de quienes piensan que sí, aunque lo que no me cabe ninguna duda es hasta que punto resulta fácil engañarnos desde los poderes públicos, vendiéndonos historias falsas o exageradas que pretenden propagar el pánico, medio políticamente eficaz de tener a las masas controladas. Ahora bien, ¿sería posible realizar una emisión radiofónica que lograse engañar a una parte de la población y convencer a algunos de sus oyentes de que está sucediendo algo irreal, increíble incluso?

Tengo claro que hay una sola condición para conseguirlo: la unión en esa empresa de varios medios de comunicación. En el mundo global que vivimos, con un peso tan enorme de las redes sociales, solo sería posible el engaño poniendo de acuerdo a un par de radios importantes, con el apoyo de alguna televisión y un proyecto de marketing viral único en redes sociales (auténtico reto que haría relamerse a decenas de agencias). Con cierto nivel de control, el resto vendría solo. No hay más que ver noticias como la de ese trabajador que se queda dormido y hace por error una transferencia de varios millones de dólares a la cuenta de un particular, que era un fake en toda regla, lo cual no evitó que se publicase en una gran mayoría de medios de todo el mundo. Y como este caso hay casi cada semana alguno destacado. Hasta que se empezase a comprobar lo falso del suceso, muchos se apresurarían a publicarlo, presumiendo incluso de exclusiva.

Dejo vídeo con el audio completo de la emisión radiofónica que cumple ahora 75 años, subtitulada íntegramente en castellano:

The Martian Panic Sixty Years Later: What Have We Learned?
La noche de pánico marciano fue puro cuento
Tòpics desemmascarats (22): “La guerra dels mons”

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor de los blogs El Gato encerrado y Desde el palafito, además de colaborar en el programa de radio MorninGlory en Radioset. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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