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Lo mejor y lo peor del mundial

  Por      10 Jul 2006

No quiero quitarle el puesto a nuestro experto tab, que tan bien ha analizado el mundial de fútbol que ayer finalizó y al que invito a que siga con nosotros durante la liga, la Champions, y lo que venga, o que escriba de lo que quiera en esta su casa. Pero sí me gustaría hacer un breve apunte más extra deportivo que otra cosa, sobre lo mejor y lo peor que nos ha traído este mundial, según yo lo he visto.

Empezaré con lo peor, para terminar en positivo.

  • Los árbitros
    Sí, ya sé que es un lugar común. Ellos son humanos y como tal se equivocan, como lo hacemos todos. Pero no veo que haya llegado ningún viso de profesionalización al sector arbitral. Ayer tarde seguíamos una final de un torneo de tenis en la tradicional Gran Bretaña, donde todavía tienen pistas en que el tanteo es exhibido mediante un marcador con tablillas, que va cambiando manualmente un joven. Es, sin duda, un anacronismo, que me extraña menos tratándose de ese país tan pegado a sus tradiciones. Pero en la pista central, al menos, un sistema electrónico indica si en los saques la bola golpea la cinta de la red que separa ambos lados del terreno de juego. Ya no vemos a aquel esforzado juez, colocando sus manos sobre dicha cinta, y arriesgando como nadie su pescuezo ante el riesgo de un pelotazo a 200 kilómetros por hora. Otros deportes han incorporado incluso un equipo de colegiados en que una parte sigue el juego por monitores de televisión e interviene en la toma de decisiones. No sé si avances técnicos de ese tipo beneficiarían al arbitraje futbolístico o no, ni siquiera sé si es necesario. Lo que sí tengo claro es que ciertos avances que parecen querer introducir, se ha demostrado en este mundial que no valen para nada. El árbitro lleva un pinganillo y un micrófono, y aún así no es posible evitar que le saque a un jugador tres tarjetas amarillas. ¿Como es posible que nadie advierta al juez en el terreno de juego cuando saca la segunda tarjeta que ha de sacar la roja y el jugador debe salir de la cancha?
    No concibo como un deporte tan profesionalizado, en que tantos se juegan tanto, sigue estando finalmente en manos de una decisión errónea de un árbitro. El poder de quien puede pitar un penalti injusto en el último minuto (como ha sucedido en este mundial, a favor de los que se llevaron finalmente la copa, por cierto) es tan inmenso, que me parece inconcebible que no haya método alguno para limitarlo o, cuando menos, que se garantizase que el mundial lo pitan los mejores, cosa que se ha visto no fue así.
  • El papel celo del micrófono
    De los árbitros, de nuevo. Pero vamos a ver, como nos van a vender los alemanes que están a la vanguardia de la técnica, si le ponen en su mundial a los árbitros un micrófono que, además de no servir para nada, lo sujetan a la jeta del colegiado con un papel celo. De acuerdo que podría haber sido peor, si en lugar del celofán adhesivo eligen un esparadrapo sanitario, de esos de tela, de toda la vida. Pero sea como fuere, la imagen es patética por cutre y salchichera. Pero, ¿no se dan cuenta que es un mundial de fútbol y no un partido de solteros contra casados en unas fiestas patronales?
    Si yo soy árbitro me niego a que me pongan el papel celo, y si me tocan mucho el pito (silbato) les meto el micrófono por salva sea la parte.
  • La triste (aunque eficaz) organización
    Un diez en seguridad, otro en orden y control de los excesos de alguna hinchada, posiblemente más notas altas en cuanto al cumplimiento de los horarios y el buen estado de los estadios y los terrenos de juego. Pero más gris y triste no se puede ser. De acuerdo que un mundial de fútbol no es una olimpiada, que sus ceremonias de apertura o clausura no son comparables. Pero la tarea de aliño que han hecho les ha quedado tan provinciana como lo del celo. Esos cencerros gigantes, meneados por recios alemanes, haciendo un ademán que más bien parecía que hacían otra cosa (pornográfica), los trajes regionales y las mujeres colgadas del firmamento en la apertura, fueron tan surrealistas como lamentables.
    A esto hay que añadir ese fallo técnico, de nuevo impropio en Alemania (la potencia tecnológica europea que nos quieren vender), que dejó sin video marcador el estadio de Berlín en la final, y sin monitores a todos los puestos de comentaristas del mundo presentes en ese acontecimiento. La final del mundial de fútbol revalida cada cuatro años el título del acontecimiento televisivo con más audiencia en el planeta. Es algo de tal importancia mediática, un fenómeno de tales dimensiones, que no debería dejarse en manos de alemanes, por lo que hemos visto.

Y lo mejor, a mi modesto juicio.

  • Cuatro
    Increíble e intachable la labor que desde el canal televisivo ha desempeñado un numerosísimo equipo durante todo el mundial. Igual que increíblemente acertada la iniciativa de esa ‘Zona cuatro’ en la plaza de Colón, que logró situar la exaltación futbolera de la afición española en sus más altas cotas, inventando un espacio escénico que tendrá que ser a partir de ahora el lugar donde se celebren los futuros éxitos de la selección española (que tendrán que venir algún día). No se puede hacer mejor, y además con modestia, sin grandes alharacas, con mucho más trabajo y talento que otra cosa. Para hacer esos ‘spots’ publicitarios no hace falta dinero, sino talento, y lo han derrochado a raudales. Del primero al último, nos regalaron además el placer de ver juntos a Barceló y Valentín, lo cual agradezco particularmente.
    Me quedo con un supuesto e imaginario mensaje que nos transladaba ese chaval que en el programa desde Colón se encargaba de las opiniones de los espectadores, cuando decía algo así como: “Gracias por hacer tanta compañía, durante estos días, a este viejo solitario. Y firma un tal Colón”. Era el día de la eliminación de la selección española, y hasta en eso estuvieron de lujo.
  • El ambiente festivo y las aficiones
    Los estadios llenos, las aficiones siguiendo los partidos en las ciudades organizadoras de forma conjunta, con un espíritu festivo envidiable. El fútbol debería ser siempre así, una fiesta, porque en definitiva se trata de un juego. Es una auténtica gozada ver el ambiente que las aficiones han proporcionado a este mundial. Un ejemplo a seguir, la gran enseñanza de este mundial. Si tuviera que quedar algo, si hubiera algo que me gustaría que se extendiera por los cinco continentes a imitación de este campeonato, eso sería el ambiente festivo a la vez que apasionado, lo modélicas que se han mostrado las aficiones, el colorido bullicioso y arrollador que han aportado. Sin espectadores no hay espectáculo, pero no siempre ellos se merecen tanto aplauso y más como los protagonistas de la función, y la afición esta vez se merece una ovación de primera.
  • La armada invencible
    O sea, Italia. Sí, ya sé que muchos dirán que Francia jugó mejor y mereció ganar, pero en buena lid los que lo hicieron fueron los italianos. Como ya tengo dicho aquí no soy futbolero, siempre me ha llamado la atención este deporte como fenómeno de masas y desde el punto de vista mediático. Esto es así desde que con doce años descubrí un Carrusel Deportivo en el que se despedía Vicente Marco, su inventor, para dar paso a las nuevas generaciones. Me pareció el mayor espectáculo del mundo, como si fuera el ‘circo’ de la radio, lo más de lo más. Pero ni entiendo lo suficiente, ni soy espectador habitual de este deporte. Aún así, la imagen que me dejaron los italianos en este mundial fue la de invencibles. Hasta la final solo encajaron un gol y fue en propia puerta. Metieron once goles, trabajo que hicieron diez de sus jugadores. No tienen apenas grandes astros, señoritos indiscutibles e idolatrados que luego se despiden del mundial y de su carrera deportiva con un absurdo y anti deportivo cabezazo (ya sé que sería injusto recordar a Zidane por eso, y cinco minutos malos los tiene cualquiera). Al final el único gol que les metió un contrario (Francia) fue de penalti. Además, siendo un equipo fuerte y aguerrido, no nos ha recordado a esa selección italiana marrullera y amante del juego sucio, o al menos no lo han practicado más que cualquiera de los otros. Si yo fuera entrenador, con quien seguro que no desearía enfrentarme es con la Italia de este mundial. Y, oiga, sea como fuere, se han llevado a casa el trofeo, y sólo por eso merecen la consideración dentro del apartado de lo mejor del campeonato.

Visto desde fuera, este espectáculo me parece ahora más interesante que nunca. Su fuerza es imparable. El fútbol, más que la selección italiana, es una auténtica ‘armada invencible’. En la hierba, veintidos tíos vestidos de corto (y un bulto sospechoso con silbato), entre dos porterías, con un balón de cuero en sus pies, tienen el secreto. Ellos guardan el tarro de las esencias, que para mi sigue siendo tan misterioso como apasionante.

(¿Dije breve apunte? No tengo medida.)

David Cano es creador y editor de laGatera, fundador e impulsor de Atomible, autor de los blogs El Gato encerrado y Desde el palafito, además de colaborar en el programa de radio MorninGlory en Radioset. Realiza labores de analista de social media y bloguero freelance.

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